Mostrando entradas con la etiqueta oporto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta oporto. Mostrar todas las entradas

16 de diciembre de 2016

Porto, até já


A Flausina


El escritor portugués João Chagas, dijo una vez que Oporto no era una ciudad, sino una familia. Y así lo he sentido durante todos estos meses en los que he estado aquí viviendo. Pero de nuevo, llega el día de marcharse, irse, volver, regresar, abandonar. El viento sopla en otra dirección y me empuja de nuevo a Málaga. Repentinamente me hallo despidiéndome de la ciudad y de todos lo que hicieron mi vida en ella, una experiencia única. Doy mis últimos paseos por la Baixa, el Mirador Victoria, Virtudes, la Ribiera, el puente Luis I, los paseos obligados de la ciudad. El Palacio de Cristal y mis lugares preferidos. Las calles son como arterias por donde corre sangre, que son la vida de los portuenses y la mía misma que quedará aquí por siempre sembrada.

17 de noviembre de 2016

Pasaporte


En este momento viajo en tren, en un vagón vacío y frío, pero confortable. Los cristales de las ventanas reflejan mi imagen y no me permiten ver el camino. Puede que no tenga ninguna certeza de hacia dónde voy, literal y metafóricamente. Tal vez he errado todas las rutas hasta ahora. Lo que busco no lo hallaré en ningún país, en ninguna de las ciudades que ya he recorrido o en las que me quedan por conocer. Pero en este viaje en particular, tengo la certeza de encontrarme con una parte de mí, que por mucho tiempo no había logrado identificar. Sé que he repetido esto muchas veces, pero en esta ocasión, textualmente es así.


Viajo en tren de Oporto a Vigo. Llueve todo el tiempo. Las paradas son eternas y el recorrido se hace mucho más largo de lo previsto. Solo llevo una mochila con pocas cosas. Voy en búsqueda de mi identidad venezolana, voy a encontrarme conmigo mismo en un papel, un sello y una foto. La misión de este viaje es renovar mi pasaporte (vencido hace ya varios meses) y certificar mi ciudadanía. Un mero trámite, una diligencia más, pero sin la cual, no podría regresar a Venezuela. Creo que estoy reuniendo los ingredientes para esta vuelta y comienzo por buscar a mi país, en otro.

 



24 de octubre de 2016

Llover y mojarse

El cielo cocina su mejor lluvia con nubes de vino y vientos de castañas asadas, el olfato se crispa cuando el agua cae y Oporto se deshace en una humedad terrible que no sabe de abrigos. A mi boca viene de repente un delicioso sabor a piña. Pero no es piña de verdad, sino un recuerdo. Paladar y mente juegan. Cualquier recoveco es aliado de la espera, mientras el paraguas se arma de valor, porque vivir aquí es hacer de la lluvia sangre y comulgar con ella en sus sentimientos más hondos, donde van a parar todos aquellos pensamientos que no saben nadar, como este, que se moja antes de salir de casa, porque ya vio al cielo, sabe que va llover y se va a mojar.

 

8 de octubre de 2016

El niño gaviota

Despertó en medio de la noche, en un autobús a oscuras que viajaba de Málaga a Madrid. El cielo era negro y cerrado. El mes de agosto fue corto y caluroso. Está volviendo.

 
 
De pronto volver se convirtió en su auténtico hogar. El bus de Madrid a Porto, que antes va a Salamanca y después a Guarda y a Viseu, viaja lento pero es confortable. El tren, el avión y el barco. El de Puerto La Cruz a Margarita, un muchacho solo que viaja sin su madre y que sobre el mar, sueña con las gaviotas y se cree una de ellas.

24 de agosto de 2016

De los pies a los sueños


Ya en Málaga, la mente y el corazón continúan su viaje. El cuerpo, vacío e hipnotizado, camina por inercia y sigue llenándose de buenos momentos. Se ríe, besa y se enamora, cuenta granos de arena y estrellas. Abraza, absorbe el cariño, se contagia de la alegría y del optimismo de quienes le rodean; que son muchos y él siente que los quiere a todos. El sol y la feria.
Pero cuando se ha estado tanto tiempo en el aire, aun en la tierra, los pies siguen volando.

26 de julio de 2016

No Porto de meus sonhos

En el Porto de mis sueños, caben todas las ciudades en las que he estado. Todas ellas guardan algo de mí, y yo, llevo para siempre algo de ellas. Desde los pequeños pueblos del Caribe y el Llano de Venezuela, hasta la Europa de mi juventud.
 
Y el paso de los años, que no ha hecho más que acumular recuerdos a granel, que hacen que la maleta sea cada vez más pesada y que el regreso al hogar se extinga en el horizonte atlántico que hoy es testigo de mis nuevos sueños; una verdad como un cerro.
Esta ciudad, estas calles curvas que huyen de la perfección, que son borrosas, ruidosas, trepidadas bajo la mirada que las contempla. La mía. También, son el escenario de esta nueva etapa adulta, que hoy pasa página. El guion, como siempre digo, se sigue escribiendo solo. Sin autor, sin estructuras. Tan solo hay un corazón movido por el deseo de ser feliz, de acumular personajes e historias, de escribirlas, y de regresarlas al mundo, otra vez, bajo el filtro de un escritor, ingenuo, inseguro y eternamente conmovido.

10 de julio de 2016

Imagina Porto

Amor, imagino que vienes a visitarme, aquí, a Porto, y no sé por dónde empezar.

En Porto bebemos mucho vino. Yo ya me acostumbré. Tendrás que acompañarme en cada copa, embriagarte conmigo en el almuerzo y en la cena, recorrer a pie estas calles pintadas que conozco casi de memoria, que me son ya familiares y que de a poco se han convertido en un hogar.

No hay nada más bonito que tener un hogar, pero más bonito aun es tener varios. Y aunque la vida me ha regalado ya unos cuantos, este, este amor, es especial. Porto me ha llevado,sin querer, a mi niñez, y todo lo que me haga viajar a ese lugar -porque, no sé tú, pero mi infancia no es un tiempo pasado sino un lugar presente, que puedo visitar cuando quiera. Me la paso yendo y viniendo-; todo lo que me lleve allí, decía, también es un lugar querido, y todo a lo que le tengo cariño quiero compartirlo contigo. Todas las cosas que uno ama, solo desea verlas juntas, en armonía. Así, amando y siendo amado, las personas alcanzan la auténtica belleza de aquello que les hace realmente humanos, si es que somos humanos de verdad.

31 de marzo de 2016

Una habitación en Oporto

En este cuarto insólito e improbable dentro de lo real, en estas cuatro paredes, dos ventanas y una puerta, esta habitación desde donde escribo y destilo ideas, donde me consume el pensamiento; aquí, lejos de todo pero cerca de mí mismo, rodeado de madera y paredes húmedas, envejezco los sueños, pongo en remojo la vida, siento todo mi cuerpo y preparo, mudo y sin testigos, un nuevo camino. O mejor dicho, la escribo. Porque el pensamiento, engaña, duda, desconfía e incluso, miente. La palabra escrita perdura y me inspira confianza, igual que esta habitación.
 
Mi habitación tiene una cama cómoda, tierna, dulce y protectora. Me cuida más que nadie. Pero la uso poco porque la vida me roba el sueño y no duermo casi nada. El tiempo se me va viviendo y escribiendo. En la calle, trabajando y pensando. En la casa, soñando, riendo, fotografiando, anhelando, recordando, viajando. Viajo del escritorio a la ventana, de la cajonera a la puerta, del suelo al techo, de la cortina a la cama. Viajo bajo cualquier circunstancia. Dormido, sentado, sin moverme, o despierto y acostado.

20 de marzo de 2016

Ya estoy en Oporto

¡Uff! Menos mal no hace tanto frío. Creo que me he abrigado en su justa medida. A lo mejor hasta me sobra la bufan… Uy no, no, no. No sobra. Déjala como está, que el tiempo ha cambiado, pero no tanto. ¿Y los guantes? ¡Se me han quedado! El día que salga yo de casa y no se me quede algo… Ese día… Bueno mira, si mantengo las manos en los bolsillos, se está muy bien. A lo mejor si ando más rápido, entro en calor y llego antes. Tenía que haber venido al mediodía y con más hambre, y con más dinero para comer más. Bueno mejor no, así la disfruto lentamente, bocado a bocado, saboreando cada…

8 de marzo de 2016

Ser quien uno quiera

Viajar es alejarse, es tomar distancia. Es contemplar la vida, esta, la anterior, y casi podría decirse que la futura. En el viaje, te arrinconas y te escondes. Te desplazas no solo por los espacios, pues, cuando uno recorre kilómetros, recorre también las horas pasadas; y el tiempo se transforma en algo que casi puedes tocar; en una maleta, tal vez, que pesa, que arrastras también en tu recorrido. Viajar es retroceder lo vivido, es avanzar, porque cuando se viaja, se va hacia adelante y hacia atrás, simultáneamente, al mismo tiempo que se sostiene con una mano, todo lo que te ata a la vida. Lo poco o lo mucho, cabe, sí, porque viajar es renunciar, es retirarse, es declinar sobre tus propios hombros, los ajustes de los errores y los favores de los aciertos.

1 de marzo de 2016

No estoy en Oporto

No estoy en Oporto. Pasó de largo el autobús. Vi algo, pero no estoy en Oporto. Estoy en una habitación pequeña, piso de madera y techo alto. Lámpara de pie, puerta con cristalera y esplendidas ventanas que me ahogan de luz. No hay escritorio, pero lo pido y enseguida llega. Estoy completo.

Como hace mucho frío, no puedo abrir las ventanas. Pero puedo asomarme y Cuando lo hago, veo calles que van de cabeza, empinadas hacía abajo, cayéndose sobre una loma y que parece que van a desembocar a un río, que también distingo desde aquí. Se llama Douro, pero no estoy todavía en Oporto.

23 de febrero de 2016

Málaga guayaba

De la dulce miel de Lima, de su cielo gris y de sus montañas de niebla y gotas de agua; al mar salado de Málaga, a las calles apretujaditas, al sol y a los amigos, solo hay un día de viaje. Y un día no es nada.
Me encanta pisar Colombia aunque sea por unas horas. Las suficientes para tomar café y zumo de lulo, porque en Colombia también fui y, como digo, un día no es nada si al final de él hay un avión, pero da para mucho a alguien que se sabe de paso.