Ya en Málaga, la mente y el corazón continúan su viaje.
El cuerpo, vacío e hipnotizado, camina por inercia y sigue llenándose de buenos
momentos. Se ríe, besa y se enamora, cuenta granos de arena y estrellas. Abraza,
absorbe el cariño, se contagia de la alegría y del optimismo de quienes le
rodean; que son muchos y él siente que los quiere a todos. El sol y la feria.
Pero cuando se ha estado tanto tiempo en el aire, aun en
la tierra, los pies siguen volando.