Para quien está acostumbrado a la Tierra, vivir entre las nubes puede suponer la aventura más grande de su vida, y aunque pueda sonar
fantástico, en efecto, vivir ahí arriba, en medio de millones de partículas de
agua suspendidas, caminar a través de ellas hasta nublarse la vista y encogerse
el corazón, es totalmente real. Lo viví y aun lo vivo cuando cierro los ojos y
viajo hasta los días en que hice de Lima mi hogar y a Teresa, Andrés y a
Ariana, mi familia. Los cazadores de nubes, los atrapanieblas de las montañas
que me enseñaron el arte de cosechar el agua y de valorar y darle el sentido
vital, que muchos ya han olvidado.
Mi estancia en Perú se dividió en dos partes. Durante las
primeras semanas me dediqué a la investigación y a la documentación; realicé
entrevistas y conocí a muchísima gente que de alguna u otra forma, dejó en este
proyecto su granito de arena, o mejor dicho, su gota de agua. Sabía que quería
hacer un documental, pero no tenía ni idea de cuál sería mi historia y por dónde
debía comenzar a contarla. Pero las nubes despejaron mi mente y pronto encontré
lo que ni siquiera sabía estaba buscando. No solo di con los atrapanieblas,
sino que me encontré a mí mismo en ellos, y, diré incluso más, me convertí en
uno. Esta es mi historia.










