Dos más dos es
una argentada como una casa de grande lo sé, pero está que te cagas de la risa
y es un humor inteligente porque esta labrado a punta de guión y los pocos
chistes visuales son perfectos, absurdos y en el fondo, tan ingenuos que
resulta imposible no destornillarse de la risa allí en plena sala. Lo malo es
que mucha gente se ha perdido la mitad de los chistes porque, como comedia
argentina que es, algunas cuestiones se quedan en lo cultural y evitan el
juicio universal de un público amaestrado por Woody Allen en esto de lo absurdo
y lo inteligente.
Diego
Kaplan llega al Territorio Latinoamericano del 16º Festival de Málaga con su
barriguita y su barbita y modestamente nos desea que disfrutemos de la historia.
Pero él sabe que ha hecho una gran comedia y que no hace falta desear nada
porque todo viene empaquetado por defecto y diseñado para hacer reír y para
hacer pensar; porque sin duda alguna es una comedia también bastante reflexiva,
que emprende un viaje intimista hacia el matrimonio y hacia el amor madurado
por la convivencia, y nos lo sirve en dos versiones: con o sin hijos.
