El
asesinato de un venezolano es una estadística, el asesinato de una ex miss
venezolana o de un diputado de la Asamblea Nacional, es noticia. Tristes reglas mediáticas que insisten en convertir lo
visible en tendencia y volver lo anónimo, invisible. Ayer como el resto de mi
país (porque no vivir en él no quiere decir que no sea también un poco mío)
desperté con la terrible noticia de la muerte violenta del diputado por el
PSUV, Robert Serra. Una vez más gana la inseguridad, pierde la revolución y vibra
ese nuevo concepto de Patria que se ha revelado e instaurado de pocos años para
acá en el imaginario venezolano. Un concepto al que recientemente traté de dar forma a
través de otro artículo publicado en Guayoyo en Letras.
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4 de octubre de 2014
21 de marzo de 2014
Barricas
Cuando
la realidad supera mi capacidad de raciocinio y muchas veces también de
entendimiento; suelo pensar que es mejor buscar en otros, las luces necesarias
para entender al mundo y sobre todo la manera de obrar de algunos de sus
habitantes. Porque casi todo lo que ocurre en el presente, ha ocurrido ya de
alguna forma en el pasado.
Pero
miento, sí que puedo entenderlo, pero hay otros que lo pueden explicar mucho
mejor. Así, di con Historia de una
barrica (1704) de Jonathan Swift, ese que también escribiría Los viajes de Guilliver (1726).
Y
en él, un fragmento que, a manera de metáfora, puede perfectamente servir para
entender la forma de actuar de algunas barricas, aquellas que en medio de la
profunda crisis social que vive Venezuela, solo sirven para levantar la mano,
porque pensar, hace rato que dejaron de hacerlo.
4 de enero de 2014
La marca socialista
El
socialismo chavista no es ya ni siquiera la ilusión de un ideal. Se ha quedado
en mera imagen de marca. Una marca sostenida por el desencanto por un discurso
capitalista fracasado, que en el caso venezolano vino endosado a modo de 40
años de nefasto bipartidismo y grandes desigualdades[1]. Por una parte, que sirvió
nada menos para que Chávez llegará al poder. Y por otra, sostenida a base de
propaganda al mejor estilo soviético, aunque no hay ni rastros de
constructivismo ruso por ninguna parte. Y la propaganda, créanlo o no, es muy
poderosa.
15 de abril de 2013
Así son las elecciones
La
gente no es pendeja, los pendejo son los políticos cuando tratan de entender la
manera de votar de los venezolanos. Para mi Chávez (muerto y reencarnado para
siempre en una amalgama ideológica de puro marketing, propaganda de masas y
estética kitsch, llamado ahora chavismo)
no es más que una consecuencia necesaria tras cuarenta años de incompetente y
falsa democracia. Aunque me situó muy a favor de la primera mitad del segundo
mandato de Carlos Andrés Pérez, probablemente el único intento serio por
abortar el estado paternalista al que hemos estado sometidos de Simón Bolívar
para acá. Pero claro, esto lo digo ahora porque en aquel entonces yo era solo un
chamito que acompañaba a mamá, papá, tíos y padrinos, a reuniones políticas,
comandos de campañas y jornadas electorales, aunque fuera solo para ayudar a
cargar con los refrescos y el café.
6 de marzo de 2013
Cinco minutos con Chávez
Resulta
difícil no decir nada después de la muerte de Chávez, todos con mayor o menor
conocimiento de causa, hemos tenido algo que expresar al respecto. En primer
lugar quiero declarar mi más profundo respeto por el dolor que embarga en estos
momentos a una inmensa cantidad de venezolanos, y a muchos otros que sin serlo,
también lo sienten. Yo no puedo decir que comparto este sentimiento, y no sé si
eso sea bueno o sea malo, y probablemente me equivoque en lo que pueda decir,
no así en expresar lo que si siento en este momento.
No
sería propio de mi, celebrar la muerte de ningún ser humano, por mucho Hugo
Chávez que este sea, pero tampoco me entristece su partida. Respecto a su
enfermedad: ojala todos los venezolanos que algún día, y desafortunadamente,
enfermaron de cáncer, hubieran podido tener tan siquiera una cuarta parte de
las atenciones médicas y de los lujos con los que él desde luego si contó.
Llorar
a Hugo Chávez para mí sería como llorar a un Hitler, a un Mussolini o a un
Franco (y a ellos también los lloraron y los lloran); sencillamente porque
ninguna de las cosas buenas que como presidente de Venezuela hiso, en mi
opinión, justifican todas las cosas malas y crueles. No veo por ejemplo ninguna
diferencia entre obligar a judíos a portar una estrella de David para denotar públicamente
hasta donde llegan sus derechos sociales, y el obligar a profesionales
venezolanos a portar una camiseta roja con una estrella socialista para poder
tener derecho a un empleo.
Chávez
siempre gobernó para una parte del país: los chavistas, nunca para todos. Y en
mi opinión, suya es la responsabilidad de la violencia y los índices de
criminalidad, en la que se encuentra inmerso ahora mismo el país. No hacer nada
en contra de ello, es lo mismo que hacerse cómplice. Por otra parte, resulta
muy cómodo hablar de socialismo, siempre que este esté financiado por un
petróleo cuyo precio fijan los mercados capitalistas, la libre fluctuación y
las especulaciones a las que el mismo gobierno venezolano ha contribuido. Así
cualquiera financia el socialismo y las lavadoras a bajo coste. Mientras que en
Venezuela llenamos los tanques de gasolina a 0,50 céntimos de euro (no el litro
sino el tanque entero), en España por ejemplo el precio por litro se haya entre
los 1,30 y 1,50 euros, en el mejor de los casos. Y esta diferencia no se
traduce precisamente en calles mejor asfaltadas, solo hay que darse una vuelta
por cualquier ciudad venezolana para constatarlo.
En
resumen, el daño que ha hecho Chávez, económico, político y moral, al país, es
profundo y difícil de remendar, por lo tanto no merece mis lágrimas ni mi dolor.
Pero también soy de los que cree que hay que perdonar y olvidar, si queremos
una reconciliación sincera entre las dos partes en las que ahora mismo se divide
la sociedad venezolana. Me quedo entonces con las cosas buenas: hacer visible a
todo un continente, unirlo en muchísimos aspectos, y enseñar a un país a quererse
a sí mismo. Hoy, el orgullo de ser venezolano, es evidentemente mayor al que se
podía sentir antes de Chávez.
Y
todo esto lo dice uno de los tantos cobardes que abandonó el país, en lugar de
intentar cambiarlo.
PD: El
título de este post es un homenaje a la novela de Miguel Delibes.
21 de noviembre de 2011
Crónica de un voto anunciado
He seguido la pre campaña, la campaña y en especial la jornada electoral del día de hoy con mucho interés, sin haberme terminado de interesar por ningún candidato en especial. Estoy seguro que cada candidato tiene al menos una propuesta útil, y que si las juntáramos todas, mejor nos iría. Pero no estamos en Suiza y a lo hecho pecho.
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