El
socialismo chavista no es ya ni siquiera la ilusión de un ideal. Se ha quedado
en mera imagen de marca. Una marca sostenida por el desencanto por un discurso
capitalista fracasado, que en el caso venezolano vino endosado a modo de 40
años de nefasto bipartidismo y grandes desigualdades[1]. Por una parte, que sirvió
nada menos para que Chávez llegará al poder. Y por otra, sostenida a base de
propaganda al mejor estilo soviético, aunque no hay ni rastros de
constructivismo ruso por ninguna parte. Y la propaganda, créanlo o no, es muy
poderosa.
