El
asesinato de un venezolano es una estadística, el asesinato de una ex miss
venezolana o de un diputado de la Asamblea Nacional, es noticia. Tristes reglas mediáticas que insisten en convertir lo
visible en tendencia y volver lo anónimo, invisible. Ayer como el resto de mi
país (porque no vivir en él no quiere decir que no sea también un poco mío)
desperté con la terrible noticia de la muerte violenta del diputado por el
PSUV, Robert Serra. Una vez más gana la inseguridad, pierde la revolución y vibra
ese nuevo concepto de Patria que se ha revelado e instaurado de pocos años para
acá en el imaginario venezolano. Un concepto al que recientemente traté de dar forma a
través de otro artículo publicado en Guayoyo en Letras.
