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16 de diciembre de 2016

Porto, até já


A Flausina


El escritor portugués João Chagas, dijo una vez que Oporto no era una ciudad, sino una familia. Y así lo he sentido durante todos estos meses en los que he estado aquí viviendo. Pero de nuevo, llega el día de marcharse, irse, volver, regresar, abandonar. El viento sopla en otra dirección y me empuja de nuevo a Málaga. Repentinamente me hallo despidiéndome de la ciudad y de todos lo que hicieron mi vida en ella, una experiencia única. Doy mis últimos paseos por la Baixa, el Mirador Victoria, Virtudes, la Ribiera, el puente Luis I, los paseos obligados de la ciudad. El Palacio de Cristal y mis lugares preferidos. Las calles son como arterias por donde corre sangre, que son la vida de los portuenses y la mía misma que quedará aquí por siempre sembrada.

8 de octubre de 2016

El niño gaviota

Despertó en medio de la noche, en un autobús a oscuras que viajaba de Málaga a Madrid. El cielo era negro y cerrado. El mes de agosto fue corto y caluroso. Está volviendo.

 
 
De pronto volver se convirtió en su auténtico hogar. El bus de Madrid a Porto, que antes va a Salamanca y después a Guarda y a Viseu, viaja lento pero es confortable. El tren, el avión y el barco. El de Puerto La Cruz a Margarita, un muchacho solo que viaja sin su madre y que sobre el mar, sueña con las gaviotas y se cree una de ellas.

24 de agosto de 2016

De los pies a los sueños


Ya en Málaga, la mente y el corazón continúan su viaje. El cuerpo, vacío e hipnotizado, camina por inercia y sigue llenándose de buenos momentos. Se ríe, besa y se enamora, cuenta granos de arena y estrellas. Abraza, absorbe el cariño, se contagia de la alegría y del optimismo de quienes le rodean; que son muchos y él siente que los quiere a todos. El sol y la feria.
Pero cuando se ha estado tanto tiempo en el aire, aun en la tierra, los pies siguen volando.

8 de agosto de 2016

Las veces que me fui


Dedicado a todos aquellos de los que me he ido


De todas las veces que me fui, nunca tuve tantas ganas de volver, y nunca tuve tantas ganas de quedarme. Durante el viaje de Porto a Madrid, recordé la primera vez que llegué a Málaga. Ahora llevo la misma maleta de aquel entonces, está intacta, un poco percudida y 9 años más vieja, pero intacta. Al bajar en Méndez Álvaro, un señor mayor confundió mi equipaje con el suyo, por varios minutos ambos lo sujetamos asegurando ser sus dueños. Pero mi maleta es mi maleta.
 

En 2007, en el recorrido de mi casa al aeropuerto, recibí varios SMS de mi prima, que, desde Caracas me pedía que no olvidará en mi equipaje, todo lo que habíamos aprendido juntos durante nuestra infancia. Yo sabía perfectamente de qué me hablaba. Y sí, todo eso viajaba conmigo, en un recorrido larguísimo, primero de Puerto La Cruz a Caracas, después a Madrid y de allí a Málaga. En aquella ocasión, no solo me iba de mi país por primera vez, también de mi hogar. Al llegar, me di cuenta que la luz era distinta. Más tarde comprobaría que, en efecto, la luz del sol cambia en cada lugar, los tonos, el brillo y la forma como la luz cae sobre las cosas, las cubre e ilumina, son completamente diferentes de una latitud a otra. En ese entonces no lo sabía.

 

26 de julio de 2016

No Porto de meus sonhos

En el Porto de mis sueños, caben todas las ciudades en las que he estado. Todas ellas guardan algo de mí, y yo, llevo para siempre algo de ellas. Desde los pequeños pueblos del Caribe y el Llano de Venezuela, hasta la Europa de mi juventud.
 
Y el paso de los años, que no ha hecho más que acumular recuerdos a granel, que hacen que la maleta sea cada vez más pesada y que el regreso al hogar se extinga en el horizonte atlántico que hoy es testigo de mis nuevos sueños; una verdad como un cerro.
Esta ciudad, estas calles curvas que huyen de la perfección, que son borrosas, ruidosas, trepidadas bajo la mirada que las contempla. La mía. También, son el escenario de esta nueva etapa adulta, que hoy pasa página. El guion, como siempre digo, se sigue escribiendo solo. Sin autor, sin estructuras. Tan solo hay un corazón movido por el deseo de ser feliz, de acumular personajes e historias, de escribirlas, y de regresarlas al mundo, otra vez, bajo el filtro de un escritor, ingenuo, inseguro y eternamente conmovido.

10 de julio de 2016

Imagina Porto

Amor, imagino que vienes a visitarme, aquí, a Porto, y no sé por dónde empezar.

En Porto bebemos mucho vino. Yo ya me acostumbré. Tendrás que acompañarme en cada copa, embriagarte conmigo en el almuerzo y en la cena, recorrer a pie estas calles pintadas que conozco casi de memoria, que me son ya familiares y que de a poco se han convertido en un hogar.

No hay nada más bonito que tener un hogar, pero más bonito aun es tener varios. Y aunque la vida me ha regalado ya unos cuantos, este, este amor, es especial. Porto me ha llevado,sin querer, a mi niñez, y todo lo que me haga viajar a ese lugar -porque, no sé tú, pero mi infancia no es un tiempo pasado sino un lugar presente, que puedo visitar cuando quiera. Me la paso yendo y viniendo-; todo lo que me lleve allí, decía, también es un lugar querido, y todo a lo que le tengo cariño quiero compartirlo contigo. Todas las cosas que uno ama, solo desea verlas juntas, en armonía. Así, amando y siendo amado, las personas alcanzan la auténtica belleza de aquello que les hace realmente humanos, si es que somos humanos de verdad.

28 de junio de 2016

Un segundo amor

Mi segundo amor no lo vi venir. Qué tonto. Qué tontos.
Nació en la calle. Sabía a limón y a ají. Era un amor de cine, de libros, de música, de historias y cuentos. De inventar historias y cuentos; y de creérnoslos.

Tuve un amor que duró un mes.
Murió antes de tiempo.
Pero, mentira, vivió un poco más, a base de mensajes, de detalles, de llamadas y de otras fábulas que continuaron escribiéndose, inventándose, soñándose, más allá de las letras, en el subconsciente de dos cuerpos que se pertenecen, al mismo tiempo que se están perdiendo.
 


27 de abril de 2016

Instrucciones para hacer una arepa

La arepa venezolana no solo llena el estómago, también el corazón, más aún si se degusta en familia. Esta combinación perfecta de sabor y amor, enciende la felicidad y llena el alma, del primer al último bocado y más allá del paladar, a través de la sangre, esa que nos une, hasta hacer invisible las distancias, como está en la que me mido, desde Madrid, a todos aquellos lugares a los que ahora pertenezco. Principalmente Venezuela.

20 de abril de 2016

Muerte en Oporto

6:15
Se termina de descargar La Jetée. Película que siempre me acecha. Apago el ordenador. Se lo merece.
Despierto. Día. Ducha. Dentífrico. Desayuno. Descongelador.
Dan las siete y cuarto, me tiro a la calle. Olvido la cámara, regreso, la cojo. Salgo otra vez. Olvido el almuerzo, regreso, lo cojo. Salgo de nuevo. Esta vez corriendo.
 

31 de marzo de 2016

Una habitación en Oporto

En este cuarto insólito e improbable dentro de lo real, en estas cuatro paredes, dos ventanas y una puerta, esta habitación desde donde escribo y destilo ideas, donde me consume el pensamiento; aquí, lejos de todo pero cerca de mí mismo, rodeado de madera y paredes húmedas, envejezco los sueños, pongo en remojo la vida, siento todo mi cuerpo y preparo, mudo y sin testigos, un nuevo camino. O mejor dicho, la escribo. Porque el pensamiento, engaña, duda, desconfía e incluso, miente. La palabra escrita perdura y me inspira confianza, igual que esta habitación.
 
Mi habitación tiene una cama cómoda, tierna, dulce y protectora. Me cuida más que nadie. Pero la uso poco porque la vida me roba el sueño y no duermo casi nada. El tiempo se me va viviendo y escribiendo. En la calle, trabajando y pensando. En la casa, soñando, riendo, fotografiando, anhelando, recordando, viajando. Viajo del escritorio a la ventana, de la cajonera a la puerta, del suelo al techo, de la cortina a la cama. Viajo bajo cualquier circunstancia. Dormido, sentado, sin moverme, o despierto y acostado.

20 de marzo de 2016

Ya estoy en Oporto

¡Uff! Menos mal no hace tanto frío. Creo que me he abrigado en su justa medida. A lo mejor hasta me sobra la bufan… Uy no, no, no. No sobra. Déjala como está, que el tiempo ha cambiado, pero no tanto. ¿Y los guantes? ¡Se me han quedado! El día que salga yo de casa y no se me quede algo… Ese día… Bueno mira, si mantengo las manos en los bolsillos, se está muy bien. A lo mejor si ando más rápido, entro en calor y llego antes. Tenía que haber venido al mediodía y con más hambre, y con más dinero para comer más. Bueno mejor no, así la disfruto lentamente, bocado a bocado, saboreando cada…

8 de marzo de 2016

Ser quien uno quiera

Viajar es alejarse, es tomar distancia. Es contemplar la vida, esta, la anterior, y casi podría decirse que la futura. En el viaje, te arrinconas y te escondes. Te desplazas no solo por los espacios, pues, cuando uno recorre kilómetros, recorre también las horas pasadas; y el tiempo se transforma en algo que casi puedes tocar; en una maleta, tal vez, que pesa, que arrastras también en tu recorrido. Viajar es retroceder lo vivido, es avanzar, porque cuando se viaja, se va hacia adelante y hacia atrás, simultáneamente, al mismo tiempo que se sostiene con una mano, todo lo que te ata a la vida. Lo poco o lo mucho, cabe, sí, porque viajar es renunciar, es retirarse, es declinar sobre tus propios hombros, los ajustes de los errores y los favores de los aciertos.