La arepa venezolana no
solo llena el estómago, también el corazón, más aún si se degusta en familia.
Esta combinación perfecta de sabor y amor, enciende la felicidad y llena el
alma, del primer al último bocado y más allá del paladar, a través de la
sangre, esa que nos une, hasta hacer invisible las distancias, como está en la
que me mido, desde Madrid, a todos aquellos lugares a los que ahora pertenezco.
Principalmente Venezuela.