Mi segundo amor no lo vi
venir. Qué tonto. Qué tontos.
Nació en la calle. Sabía a
limón y a ají. Era un amor de cine, de libros, de música, de historias y
cuentos. De inventar historias y cuentos; y de creérnoslos.
Tuve un amor que duró un mes.
Tuve un amor que duró un mes.
Murió antes de tiempo.
Pero, mentira, vivió un poco
más, a base de mensajes, de detalles, de llamadas y de otras fábulas que
continuaron escribiéndose, inventándose, soñándose, más allá de las letras, en
el subconsciente de dos cuerpos que se pertenecen, al mismo tiempo que se están
perdiendo.

