El amor fue un papelito en
el bolsillo que guardé desde el mediodía, y que pasó el atardecer entre el
calor del auto y el coco frio en una esquina sin nombre, y que hasta la noche
nadie leyó.
Una vez leído, cobró todo
el sentido: El de las palabras, el del papel maltratado, el del olor a
bolsillo, a monedas viajas, y el de la idea hija del sentimiento. Porque las
notas escondidas, miedosas, tímidas… son así, nacen asfixiadas, se atragantan
entre el lápiz y el puño, después en el papel que las transporta de un corazón
a otro. Y aún allí, siguen siendo prisioneras.