Dedicado a todos aquellos de los que me he ido
De todas las veces que me fui, nunca tuve tantas ganas de volver, y nunca tuve tantas ganas de quedarme. Durante el viaje de Porto a Madrid, recordé la primera vez que llegué a Málaga. Ahora llevo la misma maleta de aquel entonces, está intacta, un poco percudida y 9 años más vieja, pero intacta. Al bajar en Méndez Álvaro, un señor mayor confundió mi equipaje con el suyo, por varios minutos ambos lo sujetamos asegurando ser sus dueños. Pero mi maleta es mi maleta.
En 2007, en el recorrido de mi casa al aeropuerto, recibí
varios SMS de mi prima, que, desde Caracas me pedía que no olvidará en mi
equipaje, todo lo que habíamos aprendido juntos durante nuestra infancia. Yo
sabía perfectamente de qué me hablaba. Y sí, todo eso viajaba conmigo, en un
recorrido larguísimo, primero de Puerto La Cruz a Caracas, después a Madrid y
de allí a Málaga. En aquella ocasión, no solo me iba de mi país por primera
vez, también de mi hogar. Al llegar, me di cuenta que la luz era distinta. Más
tarde comprobaría que, en efecto, la luz del sol cambia en cada lugar, los
tonos, el brillo y la forma como la luz cae sobre las cosas, las cubre e
ilumina, son completamente diferentes de una latitud a otra. En ese entonces no
lo sabía.
