No
llegué. No pude completar el viaje. No fui. No terminé el camino de vuelta a
casa. Me detuve aquí en Málaga, de nuevo, y comienzo a viajar pero de otra
forma. El viaje que ahora emprendo no me lleva por cielos ni carreteras. Los
kilómetros se transforman en metros y los aviones y trenes, en bicicletas y
autobuses urbanos. Ahora intento que los desplazamientos, tan cortos como son,
me lleven no solo de un lugar de la ciudad a otro, sino además, a un nuevo
lugar de mí mismo.
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25 de marzo de 2017
18 de febrero de 2017
Mañana
Pasa por encima.
Acaba con todo.
Destrúyelo y
empieza de nuevo.
Piérdete por el camino.
Regresa mañana
y mañana
y mañana.
Hasta que se acaben las horas.
Hasta que me acabe yo con ellas.
Hasta que llames y nadie te abra.
Hasta que desaparezca yo
o hasta que te canses tú.
Regresa con cada sol.
Hoy.
Y olvídame,
pero olvídame mañana.
Acaba con todo.
Destrúyelo y
empieza de nuevo.
Piérdete por el camino.
Regresa mañana
y mañana
y mañana.
Hasta que se acaben las horas.
Hasta que me acabe yo con ellas.
Hasta que llames y nadie te abra.
Hasta que desaparezca yo
o hasta que te canses tú.
Regresa con cada sol.
Hoy.
Y olvídame,
pero olvídame mañana.
7 de febrero de 2017
Ladrón
No estás cuando
te quiero.
Puedo abrir la ventana,
dejar entrar a la noche
y oler tus cabellos.
Vuelvo a tenerte en mi cama,
callado,
sumiso,
ingenuo,
pero muerto de deseo.
Puedo abrir la ventana,
dejar entrar a la noche
y oler tus cabellos.
Vuelvo a tenerte en mi cama,
callado,
sumiso,
ingenuo,
pero muerto de deseo.
14 de enero de 2017
El plátano
El plátano bien podría ser el mejor amigo del venezolano.
Es el acompañante incondicional de todos nuestros sabores y un descanso entre
el perejil y el ají que pueblan nuestra gastronomía. El plátano frito, he de
acotar, en aceite muy caliente, conduce los grandes guisos y los nobles
contornos hasta el destino feliz de nuestra boca, donde establecemos una
conversación abierta y directa con su sabor y donde finalmente nos rendimos
ante su fantasía.
16 de diciembre de 2016
Porto, até já
A Flausina
El escritor portugués João Chagas, dijo una vez que Oporto no era una ciudad, sino una familia. Y así lo he sentido durante todos estos meses en los que he estado aquí viviendo. Pero de nuevo, llega el día de marcharse, irse, volver, regresar, abandonar. El viento sopla en otra dirección y me empuja de nuevo a Málaga. Repentinamente me hallo despidiéndome de la ciudad y de todos lo que hicieron mi vida en ella, una experiencia única. Doy mis últimos paseos por la Baixa, el Mirador Victoria, Virtudes, la Ribiera, el puente Luis I, los paseos obligados de la ciudad. El Palacio de Cristal y mis lugares preferidos. Las calles son como arterias por donde corre sangre, que son la vida de los portuenses y la mía misma que quedará aquí por siempre sembrada.
4 de diciembre de 2016
De ningún lugar
Hace poco reflexionaba metafóricamente sobre mi identidad
y mi pasaporte, pero la vida es hermosa y traidora. Las mañanas bien pueden
estar sembradas de paradojas, mientras que las noches son de dudas.
¿Pertenezco realmente a algún lugar? Quien se va, no se
divorcia de sus raíces, pero sí transforma su presente, que es, como he dicho otras
veces, la continua construcción del pasado, en un nuevo lugar al que se
pertenece.
Soy de una calle que me dio todos los ponsigues que quise comer, el ancho de su asfalto para jugar y su sol para crecer. Me dio la sombra de los siempreverdes para descansar. Me dio mamones y mangos; mi primer teatro donde fui actor y director…
Soy de una calle que me dio todos los ponsigues que quise comer, el ancho de su asfalto para jugar y su sol para crecer. Me dio la sombra de los siempreverdes para descansar. Me dio mamones y mangos; mi primer teatro donde fui actor y director…
Pero, ¿pertenezco aún a ese sitio? ¿Estoy yo allí? ¿Hay
algo allá que todavía sea mío? Si la respuesta a estas preguntas es un No, entonces, ¿de dónde es que soy
realmente?
La vida, es verdad, está en el presente, por tanto, está
asociada también a un espacio y a un tiempo, o sea, soy de aquí de Oporto
porque es la ciudad desde donde escribo. Tal vez este mojado, muerto de frío y con
los pies helados… como para olvidarme si quiera de donde soy, de donde fui y
donde me hallo.
17 de noviembre de 2016
Pasaporte
En este momento viajo en tren, en un vagón vacío y frío,
pero confortable. Los cristales de las ventanas reflejan mi imagen y no me
permiten ver el camino. Puede que no tenga ninguna certeza de hacia dónde voy, literal
y metafóricamente. Tal vez he errado todas las rutas hasta ahora. Lo que busco
no lo hallaré en ningún país, en ninguna de las ciudades que ya he recorrido o
en las que me quedan por conocer. Pero en este viaje en particular, tengo la
certeza de encontrarme con una parte de mí, que por mucho tiempo no había
logrado identificar. Sé que he repetido esto muchas veces, pero en esta
ocasión, textualmente es así.
Viajo en tren de Oporto a Vigo. Llueve todo el tiempo. Las paradas son eternas y el recorrido se hace mucho más largo de lo previsto. Solo llevo una mochila con pocas cosas. Voy en búsqueda de mi identidad venezolana, voy a encontrarme conmigo mismo en un papel, un sello y una foto. La misión de este viaje es renovar mi pasaporte (vencido hace ya varios meses) y certificar mi ciudadanía. Un mero trámite, una diligencia más, pero sin la cual, no podría regresar a Venezuela. Creo que estoy reuniendo los ingredientes para esta vuelta y comienzo por buscar a mi país, en otro.
Viajo en tren de Oporto a Vigo. Llueve todo el tiempo. Las paradas son eternas y el recorrido se hace mucho más largo de lo previsto. Solo llevo una mochila con pocas cosas. Voy en búsqueda de mi identidad venezolana, voy a encontrarme conmigo mismo en un papel, un sello y una foto. La misión de este viaje es renovar mi pasaporte (vencido hace ya varios meses) y certificar mi ciudadanía. Un mero trámite, una diligencia más, pero sin la cual, no podría regresar a Venezuela. Creo que estoy reuniendo los ingredientes para esta vuelta y comienzo por buscar a mi país, en otro.
14 de octubre de 2016
Olvidando
Me he dado a desnudarte,
para dejar de tenerte,
porque así voy descubriendo
con mis manos,
poco a poco,
el desorden de tu cuerpo.
Porque necesito una excusa,
no,
8 de octubre de 2016
El niño gaviota
Despertó en medio de la noche, en un autobús a oscuras
que viajaba de Málaga a Madrid. El cielo era negro y cerrado. El mes de agosto
fue corto y caluroso. Está volviendo.
De pronto volver se convirtió en su auténtico hogar. El
bus de Madrid a Porto, que antes va a Salamanca y después a Guarda y a Viseu,
viaja lento pero es confortable. El tren, el avión y el barco. El de Puerto La
Cruz a Margarita, un muchacho solo que viaja sin su madre y que sobre el mar,
sueña con las gaviotas y se cree una de ellas.
8 de agosto de 2016
Las veces que me fui
Dedicado a todos aquellos de los que me he ido
De todas las veces que me fui, nunca tuve tantas ganas de volver, y nunca tuve tantas ganas de quedarme. Durante el viaje de Porto a Madrid, recordé la primera vez que llegué a Málaga. Ahora llevo la misma maleta de aquel entonces, está intacta, un poco percudida y 9 años más vieja, pero intacta. Al bajar en Méndez Álvaro, un señor mayor confundió mi equipaje con el suyo, por varios minutos ambos lo sujetamos asegurando ser sus dueños. Pero mi maleta es mi maleta.
En 2007, en el recorrido de mi casa al aeropuerto, recibí
varios SMS de mi prima, que, desde Caracas me pedía que no olvidará en mi
equipaje, todo lo que habíamos aprendido juntos durante nuestra infancia. Yo
sabía perfectamente de qué me hablaba. Y sí, todo eso viajaba conmigo, en un
recorrido larguísimo, primero de Puerto La Cruz a Caracas, después a Madrid y
de allí a Málaga. En aquella ocasión, no solo me iba de mi país por primera
vez, también de mi hogar. Al llegar, me di cuenta que la luz era distinta. Más
tarde comprobaría que, en efecto, la luz del sol cambia en cada lugar, los
tonos, el brillo y la forma como la luz cae sobre las cosas, las cubre e
ilumina, son completamente diferentes de una latitud a otra. En ese entonces no
lo sabía.
20 de julio de 2016
Otra peli
Se hace de
noche.
Me esperas.
Llego tarde,
solo un poco tarde.
Caminamos sin vernos.
Imagino que no hace frío
Me esperas.
Llego tarde,
solo un poco tarde.
Caminamos sin vernos.
Imagino que no hace frío
8 de noviembre de 2014
Desembarco
Nada y avanza contra la fuerza del agua
que se opone sin piedad a su misión.
Como él, miles hemos desembarcado esta
mañana, miles seguirán desembarcando a lo largo del día. De momento solo le
importa sobrevivir, su mirada confirma el pánico, el terror del momento, el
comienzo del final de las muertes que por lo visto, por fin parece estar cerca.
Ha tragado agua, respira con fuerza, cae y se levanta, lucha porque sabe que su
lucha individual es la lucha de un mundo que se resiste a morir de esta forma.
Yo en cambio no tengo miedo, yo tengo mi
cámara.
Fotografía: Robert Capa, 1944
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