El plátano bien podría ser el mejor amigo del venezolano.
Es el acompañante incondicional de todos nuestros sabores y un descanso entre
el perejil y el ají que pueblan nuestra gastronomía. El plátano frito, he de
acotar, en aceite muy caliente, conduce los grandes guisos y los nobles
contornos hasta el destino feliz de nuestra boca, donde establecemos una
conversación abierta y directa con su sabor y donde finalmente nos rendimos
ante su fantasía.