No
llegué. No pude completar el viaje. No fui. No terminé el camino de vuelta a
casa. Me detuve aquí en Málaga, de nuevo, y comienzo a viajar pero de otra
forma. El viaje que ahora emprendo no me lleva por cielos ni carreteras. Los
kilómetros se transforman en metros y los aviones y trenes, en bicicletas y
autobuses urbanos. Ahora intento que los desplazamientos, tan cortos como son,
me lleven no solo de un lugar de la ciudad a otro, sino además, a un nuevo
lugar de mí mismo.
