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28 de junio de 2016

Un segundo amor

Mi segundo amor no lo vi venir. Qué tonto. Qué tontos.
Nació en la calle. Sabía a limón y a ají. Era un amor de cine, de libros, de música, de historias y cuentos. De inventar historias y cuentos; y de creérnoslos.

Tuve un amor que duró un mes.
Murió antes de tiempo.
Pero, mentira, vivió un poco más, a base de mensajes, de detalles, de llamadas y de otras fábulas que continuaron escribiéndose, inventándose, soñándose, más allá de las letras, en el subconsciente de dos cuerpos que se pertenecen, al mismo tiempo que se están perdiendo.
 


23 de febrero de 2016

Málaga guayaba

De la dulce miel de Lima, de su cielo gris y de sus montañas de niebla y gotas de agua; al mar salado de Málaga, a las calles apretujaditas, al sol y a los amigos, solo hay un día de viaje. Y un día no es nada.
Me encanta pisar Colombia aunque sea por unas horas. Las suficientes para tomar café y zumo de lulo, porque en Colombia también fui y, como digo, un día no es nada si al final de él hay un avión, pero da para mucho a alguien que se sabe de paso.

21 de diciembre de 2015

Te veré

Te veré, amor, en la cena, en los sabores ácidos, en el olor a las frutas de tu tierra, en las especies y en los colores de tus calles.
Te veré en el mar salado.
Nadarás hasta la orilla. Yo oleré a coco y tú me abrazarás para sostenerme en el atardecer. Y el tiempo no pasará, se hará lento y cómplice.

12 de diciembre de 2015

Dulce

Estos días dulces son de Lima. El azúcar cae del cielo y se transforma en picarones con miel, en las manos de una mujer morena de rostro iluminado, que se llama Carmen.
Mis últimos días son dulces. Me preparo para volver. Suelto un plato y cojo otro.
Una cachanga de platano me abraza y me ata los cordones de los zapatos. Me tropiezo con el arroz con leche, con el arroz zambito, con la mazamorra morada, con el pie de manzana y el keke de casa, con los piononos y los pañuelos.
A Lima hay que venir con el estómago vacío.


2 de diciembre de 2015

En una nube

He salido a la calle a escribir este post. La habitación se ha convertido en una especie de comando de campaña, donde trabajo más que duermo.
Día sí, día no, me subo a una nube y vuelvo a creer en los hombres y en las mujeres que son buenas porque sí y felices por autodeterminación. Aquí en la ciudad me enamoro, leo, trabajo, como y ando. No acabo de entenderla ni de quererla, pero sigo irremediablemente necesitándola… engullendo sus tripas y su alma… A la sazón, me quedo sin hambre, sin tiempo y sin aire. Es entonces cuando regreso a mis nubes y bajo renovado.

5 de noviembre de 2015

Barranco

Hoy en el desayuno me comí un mango y el olor del mango se me quedó en las manos todo el día.
Grande, amarillo, por dentro, por fuera, dulce. Era miel pura. Suave. Redondo. Simétrico. El mango es de Barranco, como la novela que estoy leyendo. La estoy leyendo desde que llegué a Lima, porque está escrita en las paredes de todo el distrito, este, en el que estoy yo viviendo. Después en papel, sigo y el olor del mango también se queda en el libro. La casa de cartón de Martín Adán, un canto a Barranco, al tiempo, a Lima, a Perú.
Estoy enamorado.


26 de octubre de 2015

Comerse a uno mismo

Lima ha querido comerme. De vez en cuando lo ha conseguido.
Yo también la he devorado; en calles, mercados, plazas, parques, ferias, restaurantes, casas de familia… Allá donde voy, muerdo, mastico, trago colores, especies, ajíes, limones y cebollas. A los pocos días de llegar, conocí a Sandra, una artista de la ciudad que me advirtió que comer, era el deporte nacional. Después de varios días, lo entiendo, porque a medida que yo me como la ciudad, ella me come a mí. En todos los sentidos que esto pueda entenderse.


13 de octubre de 2015

Locos

Y anduve.
Primero hasta Madrid, donde siempre me espera mi prima Oriana, donde me siento menos extranjero, y donde me resfrié.
Ori y yo entendemos la vida de una forma similar. Durante todo un día no hicimos más que hablar de ello. Madrid se volvió invisible. No sabría decir qué calles recorrí o que líneas de metro tomé. No hubo ciudad. Solo fueron sus palabras y las mías, como amantes veroneses, entregadas ciegamente a sus ideales, liberadas en las esquinas, en un café, en un Tiger mientras compraba candados para las maletas, o en un aeropuerto, donde finalmente murieron en paz. Pletóricas, felices de no saberse solas, en este mundo del revés.
Ando. Subo a un avión y vuelo.
Durante el vuelo veo Viaje a Darjeeling y pienso en Martín porque adora a Wes Anderson. En la historia, tres hermanos iracundos viajan por la India en busca de su madre, sin saberlo están replanteándose constantemente su existencia y en esa misma búsqueda, de una forma casi romántica, se deshacen precisamente de aquello que buscan. Cortan el cordón umbilical, y, aunque no recuperan la cordura, al menos sí, el sentido de sus vidas. Lo que me recuerda también las palabras de despedida de mi amigo unos días antes de dejar Málaga, porque creo que el mensaje que oculta esta película, es para él.