He salido a la calle a escribir este post. La habitación
se ha convertido en una especie de comando de campaña, donde trabajo más que
duermo.
Día sí, día no, me subo a una nube y vuelvo a creer en
los hombres y en las mujeres que son buenas porque sí y felices por
autodeterminación. Aquí en la ciudad me enamoro, leo, trabajo, como y ando. No
acabo de entenderla ni de quererla, pero sigo irremediablemente necesitándola… engullendo
sus tripas y su alma… A la sazón, me quedo sin hambre, sin tiempo y sin aire.
Es entonces cuando regreso a mis nubes y bajo renovado.
