De la dulce miel de Lima, de su cielo gris y de sus
montañas de niebla y gotas de agua; al mar salado de Málaga, a las calles
apretujaditas, al sol y a los amigos, solo hay un día de viaje. Y un día no es
nada.
Me encanta pisar Colombia aunque sea por unas horas. Las
suficientes para tomar café y zumo de lulo, porque en Colombia también fui y,
como digo, un día no es nada si al final de él hay un avión, pero da para mucho
a alguien que se sabe de paso.
