Hoy en el desayuno me comí un mango y el olor del mango
se me quedó en las manos todo el día.
Grande, amarillo, por dentro, por fuera, dulce. Era miel
pura. Suave. Redondo. Simétrico. El mango es de Barranco, como la novela que
estoy leyendo. La estoy leyendo desde que llegué a Lima, porque está escrita en
las paredes de todo el distrito, este, en el que estoy yo viviendo. Después en
papel, sigo y el olor del mango también se queda en el libro. La casa de cartón de Martín Adán, un
canto a Barranco, al tiempo, a Lima, a Perú.
Estoy enamorado.