Lima
ha querido comerme. De vez en cuando lo ha conseguido.
Yo
también la he devorado; en calles, mercados, plazas, parques, ferias,
restaurantes, casas de familia… Allá donde voy, muerdo, mastico, trago colores,
especies, ajíes, limones y cebollas. A los pocos días de llegar, conocí a
Sandra, una artista de la ciudad que me advirtió que comer, era el deporte nacional. Después de varios días, lo
entiendo, porque a medida que yo me como la ciudad, ella me come a mí. En todos
los sentidos que esto pueda entenderse.