No estoy en Oporto. Pasó de largo el autobús. Vi algo,
pero no estoy en Oporto. Estoy en una habitación pequeña, piso de madera y
techo alto. Lámpara de pie, puerta con cristalera y esplendidas ventanas que me
ahogan de luz. No hay escritorio, pero lo pido y enseguida llega. Estoy
completo.
Como hace mucho frío, no puedo abrir las ventanas. Pero puedo asomarme y Cuando lo hago, veo calles que van de cabeza, empinadas hacía abajo, cayéndose sobre una loma y que parece que van a desembocar a un río, que también distingo desde aquí. Se llama Douro, pero no estoy todavía en Oporto.
Como hace mucho frío, no puedo abrir las ventanas. Pero puedo asomarme y Cuando lo hago, veo calles que van de cabeza, empinadas hacía abajo, cayéndose sobre una loma y que parece que van a desembocar a un río, que también distingo desde aquí. Se llama Douro, pero no estoy todavía en Oporto.