Hace
una semana conocí a María Altamirano. Durante una entrevista con ella, vi a mi
mamá. Vi pasión por las cosas, vi carácter, decisión, esperanza y vida. Sentí
caos y fuerza.
Ví
a mi mamá.
Mi
amiga Yessenia, después de leer mi último post, me escribió al instante a mi
móvil diciéndome que sentía mucho que hubiera perdido mi brújula, que ella una
vez perdió la suya, pero que ya la encontró. Mientras la leo, dudo, porque en
sus fotografías, veo el carácter de quien nunca se ha perdido.